CUESTION DE DECISION

Por José Miguel Trejo Morente

 

                Todo comenzó con un sonido. Un zumbido incomodo que en breves momentos paso a ser molesto y termino siendo inaguantable. Ante esta traumática situación. Andrés, como cada mañana, debía tomar una decisión que no podía demorar demasiado tiempo. Apagar el despertador o estamparlo contra la pared. Los resultados a corto plazo de cualquiera de las dos acciones, eran identicos. El tranquilizador y deseado silencio volvería a reinar, y en consecuencia el podría continuar durmiendo, soñando.

                Decidió apagar el despertador. Y tras esta crucial determinación, se le planteo un nuevo problema. Quedarse en la cama cinco minutos mas o por el contrario, levantarse de un salto. Sabia por otras veces, que demorar cinco minutos mas el sencillo acto de levantarse, podría traer como consecuencia, el quedarse dormido. Llegar tarde al trabajo, este echo le obligaría a buscar una buena excusa y evitar una bronca segura del capataz.

                Decidió levantarse. Fue al cuarto de baño y se dio una ducha. Después, mientras se secaba, contemplo por unos instantes su cuerpo desnudo en el espejo. Buenos pectorales. Nada de tripa. Hombros redondeados. Quizás debía trabajar algo mas las piernas. Andrés estaba orgulloso de su musculada anatomía. Pensaba que era importante estar bien físicamente. Aumenta la autoestima.

                Tras la ducha y el minucioso secado, se le volvió a plantear una cuestión que debía ser resuelta de inmediato. ¿Que ropa ponerse?. Normalmente, entre semana, la decisión es rápida y casi automática. Unos tejanos, una vieja camisa de cuadros, unos calcetines blancos y las únicas zapatillas deportivas que tenia. Pero hoy era distinto. No sabia muy bien la razon. Pensó que al cambiar de ropa, rompería el circulo vicioso en el que estaba sumergido. Esa agobiante monotonía en la que se basaba su existencia. Un ligero cambio. Quien sabe facilitaría y la infructuosa labor de encontrar el amor de su vida. O un productor, cansado de las mismas caras, podría fijarse en el y darle la oportunidad de su vida. El estrellato.

                Abrió el armario. Colgado en una percha con una funda de plástico, se encontraba su único traje. Aquel que compro hace algunos años para poder asistir a la boda de Anabel, el amor de su vida. Le costo bastante caro y en todo ese tiempo tan solo lo uso en un par de ocasiones. No era demasiado llamativo. Sonrío imaginando la cara que pondrían los compañeros del curro, al verle tan elegante. Incluso podría llegar a deslumbrar a Elena, la secretaria. Una cena romántica, unas cervezas....y con suerte un polvete.

                Decidió ponerse el traje. Una camisa gris perla y la corbata que le regalo su madre en navidades. Zapatos negros y ya esta. Se miro en el espejo rápidamente y volvió a sonreir. Se estaba haciendo tarde. Bueno hoy desayunaría en el Bar de Pili. Un día es un dia.

                Bajo las escaleras corriendo. Salió a la calle y subió hasta la esquina donde se hallaba el Bar de Pili. Coño, pensó ¿Porque esta cerrado?. Quizás la muerte inesperada de algún familiar. Miro el reloj. Cada vez le quedaba menos tiempo. Buscaría otro Bar. Un desayuno rápido y a trabajar.

                Empezó a caminar por la avenida. Le extraño ver tan poca gente a esa hora por la calle. Se paro para mirar un escaparate. Realmente lo que estaba mirando era su propio reflejo. Observo como habían encogido los pantalones. Apenas le cubrían los tobillos y lo peor de todo, dejaba al descubierto unos horribles calcetines blancos. Acostumbrado a llevar zapatillas deportivas,olvido ponerse unos calcetines negros. Se sintió incomodo, ridículo. Como un autentico payaso. Ademas que peón va a la construcción de traje y corbata. Por un momento olvido su realidad, su autentica profesión, peón de la construcción. Ese y no otro, era el motivo por el cual, todos los días fuera con tejanos y zapatillas deportivas. Comenzó a sentir mucha ansiedad. Respiro hondo durante varias veces, para poder pensar con mayor claridad. Buscaría un bar. Desayunaría y después volvería a casa a cambiarse. Ya encontraría una buena excusa para justificar su impuntualidad.

                En la esquina vio un bar abierto. Entro y pidió un zumo de naranja, unas tostadas y un café con leche. En el salón solo había un hombre leyendo el periódico. Iba bastante bien vestido. Seria seguramente un ejecutivo. El hombre levanto la vista del periódico y miro a Andrés. Después sonrió.

                El café con leche hizo un efecto inmediato en el organismo de Andrés. Pregunto donde estaban los servicios y se dirigió a ellos. Mientras hacia sus necesidades, y quizás por el aumento de riego sanguíneo en el cerebro. Pensó en todo lo que le estaba sucediendo esa mañana. Las calles vacias. El Bar de Pili cerrado. Joder, se dijo, es domingo. Día festivo. Pili solo cierra los Domingos. Llegar a esta conclusión le tranquilizo bastante, pero solo durante unos instantes. Pronto noto la ausencia de su cartera y las llaves de casa. ¿Que haría un Domingo a las 8,00 h. de la mañana, vestido como un payaso y sin un duro en el bolsillo?¿Como pagaría el desayuno?. De nuevo sintió una agobiante ansiedad. Respiro hondo e intento tranquilizarse.

                Mientras se lavaba las manos vio entrar al hombre que estaba leyendo el periódico.

                -Hola me llamo Jordi, se presento el hombre.

                -Mucho gusto. Yo Andrés.

                -Andrés voy a ser directo. Te ofrezco 20 Euros por una mamada.

                -Mira creo que te equivocas. No busco nada.....repuso sorprendido Andrés.

                -Yo no digo que busques. Yo te ofrezco. En la vida hay momentos en los que encontramos sin necesidad de buscar.

                -No Gracias.

                Andrés se dirigió a la puerta del lavabo y penso. 20 Euros por una mamada. Eso no me convierte en maricon y me ayudaría a pagar el desayuno.

                Decidió aceptar lo que le ofreció Jordi. A los pocos minutos Andrés subió con 20 Euros y pago el desayuno. Salió a la calle. Y espero no sabe a que.

                -Oye Andrés, tengo un pequeño problema, le dijo Jordi que le siguió hasta la calle.

                -Dime. Si puedo ayudarte.....

                -Resulta que estaba esperando a un actor para rodar unas cuantas escenas, pero no da señales de vida.

                -¿Y?

                -Tu podrías sustituirlo.

                -No soy actor.

Para este tipo de películas no hace falta saber interpretación, contesto sonriendo Jordi. Es mucho  dinero por unas pocas horas.

                -No, yo no....

                -Te puedo asegurar que es mas cómodo que hacer pasteras...

                -¿Como sabes a que me dedico?, pregunto sorprendido Andrés.

                -Yo también trabaje en la construcción. Mira tus manos. El cemento quema la piel.

                -¿Cuanto dices que ganaría?, pregunto Andrés.

                Aquella mañana Andrés tomo otra crucial decisión en su vida. Hacer películas porno. Por alguna extraña razón, Andrés se encontró en el momento adecuado en el lugar indicado. Logro romper el circulo vicioso de su vida.

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