EL MONO LÓPEZ

Autor: Patricia Miranda

 

Siempre pensó que era imposible eso de ser dos cosas a la vez. Pero esa mañana bien temprano, López supo que hay momentos en que el día es también un poco noche y entonces creyó haber encontrado la respuesta a su problema.

Todo había empezado un par de semanas atrás. "Redondo, redondo . . ." le había dicho el mono, y él de lo más sorprendido mirando el cielo y después la vereda no estuvo verdaderamente seguro de nada, de manera que lo único que hizo fue suspirar. ". . . barril sin fondo", agregó el mono, y López dudando entre darse por vencido o adivinar, se decidió por esto último y alzando la voz, porque así las respuestas son como más serias contestó: "El anillo" .Y si alguien le hubiese preguntado en ese momento cómo es que después de tantos años había hallado la respuesta, López seguramente se habría dado por vencido.

Apenas satisfecho con el resultado del bien planeado acercamiento, el mono volvió a esconderse allí donde quiera que hubiese estado oculto durante todo ese tiempo. Pero como las cosas invisibles tienen una necesidad de hacerse notar que causa espanto, el mono no se hizo esperar y esa misma noche lo invitó a bailar. López primero le dijo que sí y al rato bien largo cuando ya estaba bailando se dio cuenta de que a él no le gustaba la música, de que bailar solo era una tontería y sobre todo de que los zapatos le apretaban y cuando a López le aprietan los zapatos es que tiene que sentarse en su sillón favorito y mirar la televisión con el volumen bien bajo, qué joder, que el ruido le molesta y mucho. Así es que no dijo ni una palabra, y por más que el mono insistía y chillaba y trataba de convencerlo de lo bueno que a la larga resulta la actividad físi! ca para el organismo y hasta para el espíritu, aquello le importó un pito a López y aunque las cosas del espíritu siempre lo ponían más o menos bien, igual cambió de canal. Casi tres días enteros se la pasó el mono aguantando el aliento y lo que era más difícil y requería una paciencia de los mil demonios, se quedó callado. Y López pensó que por fin se había sacado de encima esa otra cosa que él sabía que era. Y es que en el fondo deseaba que fuera el mono el que se cansara primero y lo dejara tranquilo y que al final él volviera a ser el mismo López de siempre, ese que odia bailar todo el tiempo y el que ni siquiera se imagina que un anillo es un barril sin fondo. Pero los monos son tan populares como insistentes de manera que el día anterior, mientras López buscaba una corbata para su traje marrón, el mono se le ap! areció sentado en un estante del placard. Y qué tal López, le dijo de lo más divertido, y qué oportunidad, pensó López para no saludarlo y hacer de cuenta que no existía, y che López ponéte la violeta con pintitas rojas, siguió el mono acompañando sus palabras con toda una galería de gestos que López buscando y buscando tuvo que admitir que le parecieron hasta familiares. Mientras tanto López que no, que el violeta y el marrón juntos no se entienden, y el mono dale con las pintitas rojas y López que no que mejor la beige con rayas negras, y entre el marrón y el violeta y el mono dando manotazos y López sacudiendo los pies y el placard convertido en un merengue de patas y pelos, total que López salió a la calle con el traje marrón y la corbata violeta, ésa de las pintitas rojas.

Y ésta última vez fue la peor de todas. Siete de la tarde, sala de reuniones, el Presidente en una punta, el montón de accionistas alrededor de la mesa. Qué señorita para mí un café, qué por favor un té sin azúcar, que si no le molesta, para mí un vaso con agua porque estoy con acidez, y en eso entra López bah, López y el mono. Y verlo a López vaya y pase que desde cadete ya sabían lo educadito que era, ahora que encontrarse con el mono de pantalón largo y corbata a pintitas, y además tal vez decidido a reaccionar como le diera la real gana, eso no era cosa de todos los días y después de un zumbido de preguntas en voz baja, encogimiento de hombros del vecino de al lado y un caballeros silencio por favor, finalmente los ojos fijos, las bocas cerradas y entonces, sin anestesia, López que arranca con el tema del recorte pre! supuestario. Y en realidad no debió haber sido el primer tema de la reunión, pero tratándose de ayer por la tarde qué maravillosa oportunidad, le había dicho el mono, para empezar a abrirse paso en una empresa donde nadie parecía darse cuenta de que López existía, precisamente mostrándoles que a golpe de primicias se hacen los últimos orejones del tarro y que capaz que empezando por donde no debía fuera la mejor manera de cambiar de despacho y subir un piso, que es lo mismo que decir subir de ayudante de contador hasta contador a secas que en definitiva es como la corbata violeta que se lleva a la perfección con el traje marrón. Por eso, López arrojó como al voleo la propuesta del recorte y de los sueldos y de la calidad bien entendida empieza por casa y que como usted sabrá Señor Presidente al final el que se esconde igual se embroma así que mejor se! amos valientes y demos la cara porque reflexiones aparte, usted no dudará Señor Gerente en que si empezamos por los que más tienen sería como mirarnos en el espejo cada mañana y estar seguros de que alto en el cielo febo asoma, así que después de acomodarnos las plumas de águilas guerreras capaz que hasta el Señor Portero le hace pito catalán al recorte porque seguramente las cuentas habrán empezado a dar exactas y al final todos contentos y taza, taza cada uno a su casa que desde el Señor Presidente hasta el Señor Portero cada cual atenderá su juego. El mono batía palmas y López, siete de la tarde de ayer a la tarde parado en la puerta de la sala de reuniones, se acomodaba la corbata violeta con pintitas rojas, mientras insistía en decirle a todo el que se iba "pasará, pasará, pero el último quedará". Y como el ú! ltimo siempre había sido López, se fueron juntos a su casa.

Esa noche, le hizo un lugar en la cama. Al día siguiente sonó el teléfono muy temprano y del otro lado le dijeron a López que no hacía falta que se molestara en volver a la oficina que en realidad ya no lo necesitaban. Entonces, con una doble alegría que acaso en el fondo era sólo una, aceptó desconocerse y colgó el teléfono sin decir una palabra porque supo que TA TE TI, gracias al recorte presupuestario le había tocado suerte para mí y se quedaba afuera del juego. Y no le importó.

Por eso y aunque ya lo había estado pensando varias veces en los últimos días, esa mañana también se le volvió a ocurrir. Con sus dos manos ahora peludas y torpes, puso una taza más en la mesa, se sintió cobarde y temible a la vez, y tarareando "Estamos invitados a tomar el té", aunque la tetera no era de porcelana, quién sabe por qué se le dio por pensar que después de todo no sería una mala idea que desayunaran juntos.

 

 

  Volver a Página e Cuentos

 

La página se nutre del intercambio, de la comunicación, del discenso. Envianos tus textos o tu opinión sobre los textos publicados. 

El mail: elastillero@argentina.com.ar

Aviso: Todos los textos aquí incluidos están protegidos por las vigentes leyes del Código de Derecho de Autor y no podrán ser reproducidas total o parcialmente sin la expresa autorización de sus autores.

Diseño y Realización: Ciagara.                                                                 Buenos Aires - Argentina