RECORTES
Compilador: Mauricio Alonso
 


BREVE HISTORIA DE AMOR
Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, condenada a perpetua por envenenar a tres personas; desde 1995 está libre y sigue jurando inocencia. Ahora tiene novio: un señor de setenta y cinco años. Ciego.

-Fue amor a primera vista –explica él.


VOCES
Don Nicolás Florentino Ochoa Aguirre es uno de los últimos montubios que aún canta e improvisa amorfismos en las cercanías del cantón Palenque, en la provincia costera ecuatoriana de Los Ríos. Cuando entona su voz, algo áspera por el paso de los años, dicen que el trinos de los pájaros y el zumbido de los insectos desaparecen.

EL OLVIDO
Aunque recuerda que de niño aprendió a leer y escribir con las lecciones de Jacinto Vincer y Rosa Cujilán (sus vecinos en el recinto de Jobo, donde vive hasta hoy), asegura que un día, cuando tenía treinta años, se le olvidó todo.

-A las cuatro de la tarde esperando carro en el desvío de Laurel, con ese pensar de que mi mamá se iba a morir, que duraba tres días, me dijo el doctor Balzar. Y cierto fue. Ahí me olvidé de todo. Yo hasta mi nombre lo firmaba, ¡que no le cuento mentira! –afirma don Nicolás.

DOS RETRATOS DEL PINTOR JORGE DE LA VEGA, SEGÚN LAS PALABRAS DE SU HERMANO CÉSAR

1. PELIGRO
Jorge era el mimado. Recibía todos días una cuota de amor, que no sé que le hubiese pasado si no la recibía.

2. PRECOCIDAD
Copiaba, por ejemplo, lo que pintaba mi madre. Y opinaba, ya a los cinco o seis años. Yo diría que entendía todo. Entendía todo bien. Y todo lo hizo precozmente, hasta morirse.

 

EL NIÑO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

La cachila, un Mercedes sport blanco tapizado en cuero negro, sin desmedro, podía integrar las ensoñaciones de Emir de Kuwait. Ringo, sin dejar de manejar, palmeó el tablero con aire tierno: seis millones –dijo.

-¿De dólares? –pregunté distraída.

-¡Ah, no! Pero usted está loca...-dijo, y acercando su cara a la mía con mirada interrogante, agregó- Digamé, ¿es buena periodista usted?

-¿Por qué? ¿Solamente se entrega a los buenos?

-No...pero como además es mujer...

Estábamos rodeando Plaza de Mayo. Ringo había aminorado la marcha del auto y miraba atentamente hacia un grupo de chicos y palomas.

-¿También usted venía aquí de niño, a dar de comer a las palomas? –le pregunté.

-De pibe venía, sí... y ahora también vendría... Uno siempre tiene algo de pibe. Yo veo a los chiquilines pateando una pelota o remontando un barrilete, y se me van las manos. Uno siempre tiene dentro algo de cuando era chico... y eso es lo mejor. Mire esos pibes con las palomas. ¿Usted se cree que a mí no me gustaría estar ahí con todas las palomas alrededor? Que alguna se me viniera arriba... bien confiada... y cuando menos se lo espera ¡chácate!, dejarla dormida de un manotazo. 


NOTA:

Elijo llamar recortes a los textos anteriores, y los pienso como un subgénero dentro de lo que se conoce como cuento breve. El nombre alude al texto periodístico, ya que estas historias fueron extraídas de notas de diarios, pero también al hecho de que dichas notas fueron recortadas. Las historias antes reproducidas son apenas una fracción sacada de contexto, una porción de la nota que opera de manera autónoma, prescindiendo de la pretensión y el tono de la totalidad del artículo. La historia, en todos los casos, ocurre, involuntaria, casual, por la irrupción moral de la voz de uno de los personajes, que imprime un giro y descentra la autoría: el autor de la nota se ve desplazado por la voz del personaje supuestamente narrado, que cuenta “su” versión de la historia. Es precisamente en el lugar neurálgico en el que se produce el desplazamiento del narrador donde comienza a fluir el texto: su circulación abierta de voces. El tercero en cuestión (yo, en este caso específico, aunque poco importa mi nombre) es el encargado de recortar la secuencia de este pasaje, hacer algún retoque mínimo, colocar un título pertinente e instituir el pasaje como relato breve.


                                                 Mauricio Alonso.

 

 

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